Rock suave. Soy zen.

Es un sábado cualquiera por la mañana y me despierto a una hora razonable. Anoche había planeado: «a» para en caso de madrugar, y «b» en caso de fallar «a».
Arranco directamente en «b» y me dejo llevar, me entrego a los placeres desconocidos de la mañana del sábado, aunque son bien conocidos. En cuanto a «a», también es conocido, pero digamos que duele un poco. No obstante, hoy «b» se presenta misterioso (me autoengaño), y eso es tan emocionante… y eso es lo que me gusta, ¡lo desconocido! El único temor que tengo es si no lamentaré después no haber tenido la determinación de haber ido a por «a» sin remilgos (a pesar de ese dolorcito por madrugar)
Van pasando lentamente los minutos y los acompaño con tostadas y café. Qué placer! Difícil no dejarse caer en ese pozo lleno de gozos que tanto miedo me daba (modo irónico). Además, pasado un ratito, me encuentro preparando un second breakfast.

Pienso en salir a caminar al menos, pero seguro que fuera hace frío. Mejor sigo aquí, regocijándome en este edonismo tan matutino. Me siento tan bien, todo es tan suave. Nada me cuesta esfuerzo, es como si toda la energía que necesito manase de mi mente a través de ondas. La ducha caliente es muy reconfortante y mi sensación «suave» se consolida. Estoy a punto de sentirme Zen.

Llega el tan temido momento de enfrentarme a la realidad, cual bebé a punto de nacer. Para solucionarlo, y acceder al mundo exterior bien protegido decido bajar al garaje en ascensor y meterme directamente en el coche. El parabrisas me protege de los nocivos rayos solares y la música escogida mantiene y prolonga mi happy mood. Siento la máquina como una prolongación de mi cuerpo. Y todo es tan suave. Supero cualquier repecho a gran velocidad con tan sólo ejercer un poco de presión sobre el pedal del acelerador. ¡Qué bien hecho, Julio! ¡La máquina te vigoriza aún más! Esas ondas cerebrales son cada vez más fuerte. Podría mover montañas si me concentrara en ello. Mejor me dejo llevar, no pienso en nada. Permanezco en estado suave.

Lo anterior es una dramatización idealizada (con algo de ironía también) de un sábado por la mañana. Y sí, esa sensación suave es muy placentera y debo confesar que de tanto en cuanto alterno una salida en bici por un sábado suave. En lugar de salir con el coche suelo aprovechar para leer e incluso escribir. Es un momento único para mí para hacer tareas creativas. Hay un lapso que suele durar hasta la media mañana, que es mágico. Si además coincide con actividad al aire libre, en familia o solo, ya es un día redondo. Otras veces dejo que se escape el tiempo. No todo es pedalear como si no hubiera «mañanas».

¡Salud y pedales!

julio

apasionado de la bicicleta. desde que me monté en la bici de carretera no he podido dejar de pedalear. la posibilidad de alejarme de casa, de alcanzar puntos lejanos en un día, o de recorrer grandes distancias en poco tiempo es, por el momento, todo lo que busco (aparte de sentir la sensación de rodar con ritmo). rutas de uno o varios días no es problema, es lo que más me gusta.

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