sobre mí

Desde pequeño he sentido pasión por la bicicleta:

La primera que recuerdo era una Rabasa-Derbi, después una BH de paseo heredada, luego una BH California X2 (esta sí que fue mítica) que sufrió todo lo que puede sufrir una bicicleta. Después mi primera MTB allá por 1990, una G.A.C. Tucán Bike, comprada en una gran superficie. No me dió mucho juego y después llegó mi primera MTB de verdad, una Otero Feroce, montada en Shimano 300-LX. Aquella bici sí que dio todo lo que tenía y lo sigue dando casi 30 años después. La Feroce duró mucho, pues original sólo queda el cuadro, todo lo demás se ha cambiado una o varias veces. Después de un parón de casi 6 años, consecuencia de la juventud y tener coche, regreso con una MTB, esta vez una Kona AA de segunda mano: un modelo del 92 comprado de segunda mano en el 2005, por 400€. Y con esta bici mis primeras rutas con alforjas. Aquello me gustó ¡mucho! 

A todo esto, un día, en una de esas rutas con alforjas que alcancé el alto de La Farrapona desde Torrestío, y mientras bajaba por la otra cara asfaltada hacia Somiedo me pregunté como sería aquello de hacer esa bajada en una bici de carretera. Aunque quizás primero deba hacer un inciso, pues aquellos años de cicloturismo fueron años de repetidas lesiones con las rodillas y de mucha frustración. Bueno, así que de aquella me animé a dar el paso y comprarme mi primera (y única hasta la fecha) bicicleta de carretera, una Trek Domane 2.3 montada en Shimano 105. Los problemas con la rodilla continuaron hasta que un día, practicando otro deporte, mi menisco derecho se rompió, y me operaron, y ahí acabaron mis problemas… temporalmente hasta que se volvió a romper (el mismo). Y me volvieron a operar, y ahí sí que las lesiones (que no molestias) terminaron y comencé a dar rienda suelta a mis fantasías inspiradas por los mapas.

Y así sigo hasta la fecha, con alguna que otra variación, pero manteniendo la alegría de montar en bicicleta.

¡Salud y pedales!